Si a River el punto le sirvió de motivación, calculo que no. ¿A quién le gusta empatar en su casa? A nadie, y menos cuando hace el gasto en la fiesta y la paga termina siendo repartida. Quilmes ganó, no caben dudas, porque a diferencia de las amenazas de Caruso Lombardi de ir a copar y tumbar al dueño de casa, el DT planteó su partido. El que mejor le sale a su credo futbolístico. Optó por esperar, defenderse bien atrás y salir disparado de contra. Nunca fue un hombre de ataque, menos iba a serlo ayer en el Monumental.

Quejas más, chicanas menos, al "millo" le faltó cintura para tomarse una cerveza helada. Y suerte, también. Lunati se comió un penal más grande que una casa.